LA INCLUSIÓN EDUCATIVA: UNA TAREA QUE LE COMPETE A
TODA UNA SOCIEDAD
M.Sc. Ronald Soto Calderón
Para hablar del tema nos Visitó la Lic.
Agner, Directora de la Dirección de Discapacidad del departamento Chilecito.
A continuación se adjunta articulo en
referencia a la inclusión desde la perspectiva de la Educación.
A manera de introducción
Mucho se ha oído hablar de respuesta a
las necesidades educativas de los estudiantes
que han sido trasladados de servicios
de apoyo fijo o de escuelas de educación especial a
escuelas regulares y, a menudo, se ha
hecho referencia a los conceptos de integración,
participación y adecuación curricular;
en fin, de todo un sinnúmero de términos que podrían o
no dar sentido a los procesos que se
desarrollan en este ámbito, tanto en el país como en el
marco mundial
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Algunas veces, pareciera ser que los
docentes asumen su tarea más por una cuestión
personal que por una profesional, y que
el principio del derecho a la educación, lejos de
legitimar que todos los miembros de una
sociedad participen en igualdad de condiciones y
equiparación de oportunidades (Asamblea
Legislativa, 1996) sin importar su condición,
favorezca más bien una situación en la
cual nadie tiene claro lo que se hace en las aulas a
las que asisten los estudiantes con
necesidades educativas especiales.
En los últimos años, y como producto de
los procesos de globalización y los cambios
en los enfoques de la educación
especial, los medios educativos han empezado a hablar de
“inclusión educativa”, término que de
alguna manera pretende justificar la falta de claridad en
cuanto a lo que se propone desde el
Sistema Educativo Nacional con respecto a la
unificación de un currículo propuesto
por las altas jerarquías.
No se puede hablar de inclusión en
tanto no se haya realizado un análisis y discusión
de los diferentes procesos en que se ha
enmarcado la experiencia educativa de las personas
con necesidades educativas especiales;
así como los procesos de formación de los docentes
y otros profesionales relacionados con
estas personas.
La historia ha demostrado que no solo
es necesario un cambio en el uso de los
términos; asimismo, es claro que lo que
funciona en una situación o país, no necesariamente
debe convertirse en moda o ser asumido
por otra nación, ni tampoco debe verse como
verdad absoluta. Hoy en día, los
cambios que se han generado a partir de la experiencia del
ser humano, la cotidianidad y las
formas de abordar las realidades estudiadas, obligan a
replantear las formas de trabajo, las
experiencias y
todo aquello que implique un abordaje
integral del quehacer profesional
docente, en el cual, el entorno se constituye en elemento
primordial.
Por lo tanto, cuando se habla de
inclusión, se crean expectativas para todas las
personas y grupos que tienen que ver,
en su trabajo, con personas que requieren ciertos
apoyos para enfrentar no solo su
interacción y aprendizaje en el aula, sino también en su
familia y comunidad. Es decir, se debe
tomar en cuenta todo aspecto relacionado con la
cultura en la que se desarrollan las
personas; en este sentido, comenta Heward (1997) “(.
..)
la herencia cultural que un niño recibe
también varía enormemente. No podemos olvidar que
el grupo cultural al que pertenecen los
alumnos influye sobre sus valores y conductas” (p.
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62), y por lo tanto, estos aspectos
deben ser considerados en el trabajo que se realice con
los estudiantes.
Al hablar de inclusión se habla
tolerancia,
respeto y solidaridad, pero sobre todo,
de
aceptación de las personas,
independientemente de sus condiciones. Sin hacer diferencias,
sin sobreproteger ni rechazar al otro
por sus características, necesidades, intereses y
potencialidades, y mucho menos, por sus
limitaciones; como anota Heward (1997) “ (.
..) para
sobrevivir, un grupo social debe
adaptar y modificar el ambiente en el que vive” (p. 62).
Aspectos generales de la evolución de
la
Educación Especial: de la
segregación a la inclusión
La Educación Especial ha cambiado su
panorama y por lo tanto, cambia también su
forma de favorecer los procesos
educativos de las personas con necesidades educativas
especiales, pasando de desarrollar
procesos asistenciales a procesos en los cuales se
respeta la individualidad de las
personas, en función de sus necesidades, características e
intereses, y se pone énfasis en el
entorno, como elemento que favorece o retrasa los
procesos de participación de las
personas con necesidades educativas especiales.
La educación especial por lo tanto,
debe reconceptualizarse a la luz de los procesos de
integración, y no se debe concebir al
estudiante con necesidades educativas especiales
como aquel que tiene una característica
individual o un déficit que le es propio, sino más
bien, se debe tomar en cuenta la
participación del entorno, las políticas gubernamentales, los
aspectos sociales y educativos, que
facilitan que las dificultades que la persona experimenta
en su desarrollo socioeducativo y
emocional continúen obstaculizando su desarrollo.
Según Lou y López (2000) citando a
Zabalza quien comenta que la integración escolar
ha pasado por una serie de etapas,
entre las cuales mencionan:
1. Reconocimiento del derecho a la
educación de todos, sin embargo esto no reconoce
que las personas con necesidades
educativas especiales son “normales”
2. En relación con la anterior, la
respuesta que se ha dado a estas personas es marginal
y segregadora, por esta razón se han
desarrollado servicios diferenciados en
instituciones educativas,
3. Aparecer posteriormente la
integración parcial
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Esta situación hace que la necesidad
educativa especial se perciba desde una “óptica
individualista” (Fulcher, citado por
Echeita, Duk y Blanco (1995)); y por lo tanto se requiere
que los estudiantes bajo esta condición
sean atendidos en diferentes servicios, por diferentes
profesores y en ambientes diferentes.
Esto implicaría que los docentes que atienden esta
población deban tener formación en los
diversos aspectos necesarios para dar respuesta a
las necesidades y características de la
población con necesidades educativas especiales.
Esta situación por otro lado, según
Echeita y Martín, citados por Echeita y otros (1995) “(.
..)
la respuesta educativa resultante es
con frecuencia tan limitada que subestima la importancia
de la interacción social como facilitadora
del aprendizaje” (p.54).
Los aspectos antes mencionados
llevan por lo tanto, a una propuesta
que se base en
el respeto a los derechos humanos y
según la propuesta de Nirje y Nikkelsen se debe tomar
en cuenta el principio de normalización
y la filosofía de la integración, según Ortiz (2000) este
principio hace referencia a que “(.
..) todo el mundo tiene derecho a
utilizar los servicios
normales de la comunidad y llevar una
vida lo más normalizada posible” (p.6).
Tomando en cuenta principio de normalización,
se ha plasmado el desarrollo de los
servicios de atención educativa a las
personas con necesidades educativas especiales,
particularmente en Europa durante las
décadas de los 70's y 80's se desarrolló lo conocido
como integración escolar, de esta manera,
en España en el año 1978 se introduce el
principio de normalización, y se asume
desde los principios teóricos de la integración escolar,
la sectorización de los servicios
educativos e individualizados de la enseñanza (Brown y
Smith, 1996;
Ortiz, 2000), no obstante, es hasta el
“(.
..) año 1995 cuando se aprueba el Real
Decreto regulador del Programa de
Integración Escolar del Ministerio de Educación y
Ciencia, y cuyas características
fueron: la implantación progresiva, la aplicación prudente, la
dotación de recursos humanos y
materiales y la evaluación del programa” (Ortiz, 2000, p.6).
La misma autora comenta que es en este
año 1990 cuando se ha desarrollado la
integración escolar dentro del sistema
educativo general, pero anteriormente hubo todo un
proceso de concienciación y cambio de
mentalidad con respecto a las personas con
necesidades educativas especiales.
De esta manera se puede decir que la
escuela integradora lo que hace es romper
barreras, quita paredes, busca las
adecuaciones tanto de acceso como curriculares que
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permitan darle apoyo a las personas con
necesidades educativas especiales en los procesos
de acceso al currículo que le proponen
en el Centro Educativo.
Los procesos que se desarrollan en
España cobran especial importancia por el hecho
de que a finales de los 70's aparece el
informe Warnock en el cual se varía el concepto de
personas con problemas de aprendizaje o
dificultades en el área educativa, y aporta
entonces el concepto de
necesidades
educativas
especiales, con el cual se hace
referencia a
“(.
..) un término que implica relatividad,
interactividad, transitoriedad, y que remite a la
interacción con el contexto tanto en la
génesis como en la resolución de los conflictos,
de forma que cualquier alumno pueda
precisar de forma transitoria o permanente algún
tipo de ayuda para proseguir un
desarrollo académico y social normalizado, un
currículo ordinario” (Ortiz, 2000,
p.6).
Como se puede ver, el concepto encierra
a diferentes colectivos que por diferentes
características o condiciones pudieran
requerir en un momento determinado de cierto tipo de
apoyos, ayudas, adecuaciones y
recursos, y esto se incluyó en la Convención de los
Derechos del Niño hacia el Siglo XXI.
Todo esto retomando
también las ideas expresadas
en la Declaración de Salamanca en 1994,
y donde se pone énfasis a la educación de las
personas con necesidades educativas
especiales, en esta declaración también se incluyen
aspectos relacionados con los procesos
de inclusión, los cuales deberían ser abordados en
las políticas educativas de los países
que firmaron en la Conferencia de Salamanca.
Es importante ver como aún cuando se le
da especial importancia a la atención de las
personas con necesidades educativas
especiales, esta se favorece al dar una respuesta
general a la situación y favorece,
asimismo, los procesos de solución de problemas, lo cual
facilitará el acceso a los procesos de
aprendizaje de todos los estudiantes y a la vez
permitirá el desarrollo profesional de
los docentes.
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Es interesante ver como en Costa Rica
hacia mediados de la década de los 70's se
inician los primeros pasos en los
procesos de integración, es así como se abren las aulas
diferenciadas en las escuelas
regulares, donde se atienden a personas con retraso mental
leve y moderado, sin embargo en zonas
donde no existen servicios de escuelas de
educación especial, estos servicios de
aulas diferenciadas podían asumir compromisos más
severos. Por otro lado, se dan
servicios para atender a los estudiantes que tienen
dificultades de aprendizaje, en
servicios de aula recursos, tanto en problemas de aprendizaje
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como de problemas de lenguaje y
trastornos emocionales, en estos servicios el estudiante
asiste regularmente al curso que le
corresponde, y durante algunas horas de la semana
recibe un servicio en el aula recurso.
Posteriormente, cuando los enfoques de
la educación especial varían, los servicios que
se les brinda a las personas con
necesidades educativas especiales van cambiando de
nombre, es así como las aulas
diferenciadas se denominan posteriormente como aulas
integradas. En este sentido y haciendo
referencia a los últimos años, a partir de la
aprobación de la Ley 7600: Ley de
Igualdad de Oportunidades para las personas con
Discapacidad y con la Política
Educativa hacia el Siglo XXI, se abre la oportunidad de que
los estudiantes con necesidades
educativas especiales accedan al Sistema Regula de
Educación, utilizando los mismos planes
de estudio de todos los estudiantes,
desarrollándose así la participación de
los estudiantes en un ambiente educativo integrado y
socializado, aspectos importantes en el
proceso de integración.
Bajo estas condiciones se da la
oportunidad a que las escuelas permitan el acceso a
los procesos educativos de las personas
con necesidades educativas especiales, sin distingo
de condición, y fundamentando una
práctica educativa que permita dar atención a las
necesidades, características e
intereses de todas las personas. Lo anterior con la idea de
desarrollar una escuela en la que
puedan participar en igualdad y equiparación de
oportunidades todas las personas que
estando en edad escolar deban participar de ella.
La Inclusión: ¡entre el ser y el deber
ser!
La inclusión debe verse como una
interacción que se genera en el respeto hacia las
diferencias individuales y las
condiciones de participación desde una perspectiva de igualdad
y equiparación de oportunidades
sociales, cualesquiera que sean los valores culturales, la
raza, el sexo, la edad y “la condición”
de la persona o grupo de personas. O sea, es
necesario, en una sociedad como la
costarricense, llevar a cabo procesos de concienciación
que lleven a comprender quiénes somos y
con quiénes compartimos; se debe identificar y
tratar a las personas tal cual son
“ellas mismas”, “una de ellas”, “el hijo de .
..”, y además,
asegurar que cada individuo comprenda
que siempre hay alguien que la escucha y la
entiende; no necesariamente que le
enseñe, pero sí que le comprenda.
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En este sentido, según anota la UNESCO
(1994):
(...) La tendencia de la política
social durante las dos últimas décadas pasadas ha sido
fomentar la integración y la
participación y luchar contra la exclusión. La integración y
la participación forman parte esencial
de la dignidad humana y el disfrute y ejercicio de
los derechos humanos. En el campo de la
educación, esta situación se refleja en el
desarrollo de estrategias que
posibiliten una auténtica igualdad de oportunidades (p.
11).
Desde este punto de vista, es
importante mencionar que las condiciones que
determinan la desigualdad de la
existencia de una persona en una sociedad concreta, son
legitimadas por contextos
históricamente construidos, y que por lo tanto, pueden ser
revisados a partir de la participación
ciudadana.
Con relación a las ideas anteriores, la
UNESCO (1994) comenta:
La experiencia de muchos países
demuestra que la integración de los niños y jóvenes
con necesidades educativas especiales
se consigue de forma eficaz
en escuelas
integradoras para todos los niños de la
comunidad. Es en este contexto en el que los
que tienen necesidades educativas
especiales pueden avanzar en el terreno educativo
y en el de la integración social. Las
escuelas integradoras representan un marco
favorable para lograr la igualdad de
oportunidades y la completa participación, pero
para que tengan éxito es necesario
realzar un esfuerzo común, no solo de toda la
escuela, sino también de los
compañeros, padres, familias y voluntarios (p.11).
La inclusión debe ser concebida,
además, como una organización política de la
sociedad civil en la lucha por la
inclusión de los colectivos minoritarios, cuya vía de acceso
más importante es el acceso a la
educación, aunque no la única. Por lo tanto, la integración
educativa y escolar están relacionadas
con la inclusión a la educación básica regular de
todas las personas independientemente
de sus condiciones; de esta manera, la decisión de
si las personas se ven involucrados en
procesos de intervención o acción correctiva, o
participan de un modelo educativo,
corresponde
a la familia y la sociedad a la cual
pertenecen, y no es tarea de los
expertos, sean estos técnicos, científicos o
profesionales,
como se ha querido asumir.
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Se puede decir, entonces, que se está
ante un hecho social y no natural. Se trata más
de una construcción social que de una
construcción que se desarrolla sobre las
recomendaciones planteadas en la
Declaración de Salamanca (UNESCO, 1992), va más
allá, ya que está relacionada con los
Derechos Humanos, con los Derechos de las niñas y
los niños, de las Normas Uniformes
sobre la Igualdad de Oportunidades para las Personas
con Discapacidad, con la Declaración
Mundial sobre Educación para Todos, y en fin, con
toda aquella jurisprudencia que vela
por el bien de todos los miembros de una sociedad.
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Teniendo en cuenta lo anterior, la
inclusión educativa trasciende el ámbito de la
escuela, y propone el derecho de todos
al aprendizaje, y la atención a cada una de las
personas según sus necesidades,
características, intereses y potencialidades, cualquiera
que sean sus características
individuales.
Mediante la inclusión, se persigue
brindar a las personas con alguna condición especial
(permanente o transitoria), las mismas
oportunidades, en igualdad y equiparación de
oportunidades, que tienen todos los
miembros de un país para acceder al proceso educativo;
pero aquí no acaba el proceso.
Es necesario que la persona pueda
conectarse con redes
interpersonales
que traspasen todas las antiguas
fronteras; y en este sentido, es importante
contar con dos iniciativas desde la
inclusión:
1. Lo que los estudiantes aprenden debe
ser funcional para ellos en el entorno de
una comunidad inclusiva (opuesto a lo
que es solo funcional o cómodo en un
entorno segregado).
Cuando se habla de currículo funcional
se hace mención a la enseñanza de destrezas
utilizadas en la vida diaria, que le
permitan a la persona salir adelante en el mundo en que
interactúa, de la forma más
independiente que le sea posible.
2. Asegurarse de que el estudiante
socialice o forme parte de una comunidad
natural.
Por medio de la inclusión, se aprovecha
cada experiencia, situación o evento
que se
da en un proceso interactivo, como una
acción para el aprendizaje y para brindar todos los
apoyos que las personas necesitan,
teniendo en cuenta que el estudiante debe tener apoyos
desde los aspectos económicos, hasta
apoyos que le permitan su interacción con otras
personas de su entorno, sean estas de
carácter social o educativo, y siempre teniendo en
cuenta sus necesidades,
características, intereses y potencialidades, de tal manera que
todos los apoyos converjan en una
respuesta educativa que le permita el desarrollo integral
al estudiante, sin importar sus
condiciones. Lo anterior puede ejemplificarse en el siguiente
diagrama:
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Educativo:
Currículo Funcional
Económico
Social
APOYO
En este sentido, es importante acotar
que sin la inclusión recíproca básica de la
persona con alguna condición
discapacitante, y sus compañeros primarios, en espacios
diádicos de unión afectivo social, no
pueden surgir formas más avanzadas de unión humana
(cognitivas, comunicativas y
lingüísticas) en las que tengan lugar los procesos naturales de
aprendizaje y desarrollo de las
personas. De esta manera, los individuos con NEE precisan
ser incluidos en la co-cimentación
(cimentación compartida) de sus propios espacios:
cognitivo, comunicativos y
lingüísticos.
Todas las personas con necesidades
educativas especiales precisan tomar parte
activa en situaciones, acontecimientos
y experiencias que nutran la co-construcción (lo que
se persigue es tener en cuenta los
significados compartidos)
de sus temas de aprendizaje y
conversación.
Por lo anterior, es importante prestar
atención a los cambios que se deben hacer en el
centro educativo, con el fin de adaptar
el proceso de enseñanza a todo el alumnado, o de lo
contrario, los esfuerzos puestos
individualmente en la integración de los estudiantes, pueden
resultar, a la postre, estériles.
Lo anterior está íntimamente unido a la
comprensividad del Sistema Educativo: es
una opción de la política educativa,
más allá de opciones personales a favor de promover al
máximo el desarrollo de las personas
con necesidades educativas especiales. Por lo tanto, al
hablar de una educación inclusiva (o de
una educación para todos), se debe prestar especial
interés a la forma en que los
estudiantes son incluidos en sus grupos, los apoyos que se les
brindan y la forma en que estos les
permiten acceder al proceso de enseñanza y
aprendizaje, en función de sus
necesidades, características, potencialidades, intereses y
limitaciones.
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De alguna manera, la educación
inclusiva hace referencia al derecho que todas las
personas tienen a la educación
(Asamblea Legislativa, 1996); o sea, es una construcción
teórica y filosófica. Para
operacionalizar
esa definición conceptual se tiene que
recurrir a su
dimensión práctica. La dimensión
práctica variará de contexto en contexto. Así, la forma real
que tome la educación inclusiva,
dependerá de los recursos humanos, del estado de
desarrollo del sistema educativo
relacionado con la formación pedagógica, de las facilidades
físicas, de los recursos económicos,
entre otros; este concepto de educación ha sido
debatido y se ha relacionado con la
dignidad y los derechos humanos.
Para fundamentar la integración de una
manera más clara que camine a la inclusión,
se debe pensar en que es la opción que
existe entre la educación regular y especial, y no
corresponde únicamente con un
diagnóstico de un profesional o un experto, sino de la
elección de un padre de familia bien
orientado. De esta manera, para poder comprender y
teorizar sobre educación especial, se
debe llevar a cabo un proceso de teorización de la
educación regular. Se trata de un
enfoque incluyente
de la educación regular y de la vida
participativa de la sociedad, por parte
de todas las personas sin ninguna distinción.
En este sentido, se dice que los países
que han venido desarrollando los procesos de
integración de manera acertada, parecen
tener un potencial para la Educación Inclusiva,
pero, ¿cuál sería la forma adecuada de
llevar a cabo este proceso? Este modelo debe surgir
de una revisión profunda de los
esquemas sociales y educativos, y ser asumida por
consenso social; de esta manera, es
posible que se tenga éxito.
Cuando se habla de consenso, se hace
referencia a un análisis de las políticas, en el
cual, deben implicarse personas que
tienen experiencia, y donde deben participar tanto los
educadores de aula regular
comprometidos con los cambios, como los partidarios de una
educación especializada, ya que es
importante que ellos debatan sobre la escuela. Además,
se requiere una unificación conceptual
y práctica sobre la Educación Inclusiva. Esto recalca
lo mencionado anteriormente sobre la
construcción teórica de la inclusión, la cual debe
adquirir un significado que se ajuste
al concepto en que se desarrolla, relacionándose con
las finanzas, la capacidad y
preparación de los docentes, el trabajo de un equipo nacional y
lo que es capaz de ofrecer la educación
regular, entre otras cosas.
¿Cómo obtener los resultados más
satisfactorios?
Para lograr éxito en la inclusión se
deben tener en cuenta dos aspectos, a saber:
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1. Trabajar con un equipo educativo que
tenga la misma filosofía, que sea entusiasta
y dispuesto a colaborar en un frecuente
estudio (análisis, reestructuración,
organización, entre otros) de los
planes y los proyectos del centro.
2. Los grupos de amigos que se reúnen
alrededor de una persona con necesidades
educativas especiales, para apoyar su
inclusión a la comunidad natural.
No obstante, no debe olvidarse que la
integración es un proceso que ha perseguido
que las escuelas sean más permeables a
las necesidades de todos los estudiantes, y que
por lo tanto,
pudieran atender a aquellos que
presentaban necesidades especiales y que
hasta entonces eran sistemáticamente
marginados de los centros ordinarios.
Dificultades que se enfrentan en los
procesos de inclusión
Muchas son las dificultades que pueden
presentarse en la puesta en práctica de los
procesos de inclusión, entre ellos se
pueden mencionar los siguientes:
1. Desde la formación de los
profesionales y la cultura organizacional de los centros,
hasta la falta de modelos
(organizativos, curriculares y metodológicos) y el
compromiso de la Administración
Educativa en estos procesos. En este sentido
según comenta Ramón-Laca (1998) “ (.
..) una de las críticas –al menos en
España-
que se ha hecho a la integración
escolar es que se ha implantado demasiado pronto,
cuando el profesorado del sistema
general no estaba preparado para recibir en sus
aulas a alumnos con discapacidad” (p.
13).
2. Desconocimiento de la mayor parte de
los miembros de los Centros en cuanto al
enfoque de Inclusión (escuela para
todos).
No se puede obviar que se han dado
experiencias con el uso de material de
UNESCO (Necesidades Especiales en el
Aula) que han demostrado la forma en que se
pueden
dar pasos adelante, si el Centro se
muestra favorable ante la Inclusión, y si viven el
reto como una posibilidad de desarrollo
personal y profesional.
Sin embargo, más que discutirse el
concepto de Inclusión, es
importante evaluar las
distintas sociedades en las que se
concretizan las acciones institucionales, examinando el
contexto en el que ocurre la toma de
decisiones y los intereses que las determinan.
Por lo tanto, las ideas no pueden ser
entendidas si se aíslan de su contexto, sino más
bien, como producto del análisis de los
hombres frente a las condiciones sociales, políticas,
económicas y regionales concretas de
una sociedad.
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Es necesario, entonces, llevar a cabo
un análisis de la diversidad que se atiende en
las aulas, ya que es allí donde se
deben concretar los principios democráticos de nuestra
educación.
¿En que áreas deben poner atención las
escuelas inclusivas?
Las condiciones para una escuela
inclusiva son variadas y todo va a depender del
contexto y realidad que viva cada
centro educativo, ya que es ahí donde nacen los procesos
de educación para todos.
Un primer momento implica una reflexión
del profesorado sobre su práctica diaria y
búsqueda de alternativas para
mejorarla, tomando así conciencia de los principios
fundamentales
que orientan el trabajo de aula.
Entre los aspectos que deben
considerarse, está el hecho de que todos los docentes
son necesarios para lograr el éxito, y
que el aprendizaje tiene un origen social, por lo que el
aula debe ser abordada como comunidad
educativa.
Partiendo de estos principios, se
recomienda:
1.-
Trabajo colaborativo entre los
profesores:
Trabajo en equipo que implica el
planeamiento, las actividades y el
desarrollo de la autoestima, entre otros. De alguna
manera, implica crear conciencia de que
todos los docentes participan de un proyecto, el
cual está definido desde el centro.
2.-
Estrategias de enseñanza y aprendizaje:
Deben permitir la atención de todos los
estudiantes que comparten la comunidad
educativa, desarrollando el mismo plan de trabajo,
pero contando además con todos los
apoyos que requiere cada persona para participar en
igualdad y equiparación de
oportunidades, fomentando el trabajo colaborativo y cooperativo
entre los estudiantes. Es importante
que los docentes puedan dar un uso óptimo a los
materiales y recursos con que cuentan
él y la institución para llevar a cabo la práctica
docente. Al respecto menciona
Ramón-Laca (1998)
(...) al tutor le será tanto más fácil
diseñar estrategias globales, cuanto mayor sea el
conocimiento individual de sus alumnos,
para lo que el profesor de apoyo es
fundamental. La forma de incorporarse
al proyecto global es peculiar y propia de cada
alumno y de su propio nivel (p. 11).
3.- Atención a la diversidad desde el
currículo:
Es importante, en este aspecto, que
los docentes logren procesos de
capacitación que les permitan plantearse objetivos
compartidos por todos los docentes de
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centro, donde se plasme la política
tanto
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gubernamental como institucional, y que
se aborden todos los aspectos relacionados con el
proceso de enseñanza y aprendizaje,
incluyendo los relacionados con la
evaluación y
seguimiento, áreas en las que muchos
centros están ayunos de conocimiento e información.
En este sentido, según anota Ramón-Laca
(1998)
(...) Podríamos decir, por tanto, que
el centro ordinario es hoy un lugar natural para
escolarizar a un niño, a cualquier
niño, con necesidades educativas especiales, o sin
ellas. Pero debemos añadir “si da
respuesta adecuada a ese niño”, si cuenta con los
recursos humanos y materiales
suficientes para hacer frente a las necesidades del
alumno y de su familia (p. 4).
4.- Administración y organización
interna:
Los centros educativos que participen
en
un proceso de inclusión o de escuela
para todos, deben abocarse a acciones de análisis de
centro, de estudios que
permitan una autoevaluación y
evaluación interna, y de
conocimiento de la cultura
organizacional; además, se debe contar con una organización
administrativa que permita el trabajo
en equipo y la cohesión entre los participantes del
proyecto institucional. Organizar el
espacio y el tiempo que los estudiantes que permanecen
en la institución, operacionalizando y
haciendo uso efectivo del tiempo.
5.- Colaboración escuela – familia:
Este es uno de los aspectos más
importantes, ya
que de ello depende el éxito del
proyecto educativo y el involucramiento de las familias en el
trabajo de la escuela. Los docentes
deben llevar a cabo reuniones de tipo formal e informal
que les permita a los padres de
familia, sentirse parte del proyecto educativo en el cual
participan sus hijos e hijas.
6.- Transformación de los recursos y
servicios destinados a la educación
especial:
Este aspecto se considera básico, ya
que los docentes de apoyo deben
convertirse en la clave del trabajo
colaborativo, destinados a participar en todo el centro,
teniendo en cuenta que deben estar
centrados en el currículo, y que además, es importante
que en el centro participe un equipo
interdisciplinario que se involucre en todo el proyecto del
centro. Ramón-Laca (1998) comenta al
respecto:
Parece contradictorio que hablemos de
necesidades individuales y a la vez de un
currículo único, de objetivos generales
de grupo. Sin embargo no lo es, se trata de
incorporar a los alumnos al proyecto
global para su integración en la Sociedad, por eso
hablamos de “escuela inclusiva”
(p. 11).
También, con respecto al docente de
apoyo, la autora escribe la siguiente reflexión:
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El verdadero especialista en nuestro
sistema es el profesor de apoyo que suele ser un
profesor de educación especial. Su
misión es prestar atención individualizada a los
alumnos con necesidades educativas
especiales, pero por encima de esto, es el
principal y más firme puntual básico de
que se sirve el profesor – tutor en la difícil tarea
de que se ha venido hablando hasta
aquí. Con él planifica toda la actividad del aula. Al
mismo tiempo, gracias a su preparación
específica es el profesional que detecta y
evalúa las necesidades educativas
especiales de forma individualizada y proporciona
las técnicas y recursos para hacerles
frente (pp. 14)
Como se puede apreciar de la lectura de
los párrafos anteriores, la inclusión o
educación para todos es una tarea que
le compete a la sociedad, pero sobre todo, a los
centros educativos, los cuales deben,
de alguna manera, cuestionarse sobre su proyecto de
centro y su compromiso como institución
para responder a las demandas de los estudiantes
con necesidades educativas de su
comunidad. La tarea es difícil, pero si los centros
educativos pretenden brindar el apoyo
para el cual han sido constituidos y cumplir con su
objetivo, será necesario, abandonar las
ideas de las dificultades que se presentan y avenirse
a un estudio sistemático y consciente
de su realidad, de tal manera que los estudiantes que
conforman la comunidad institucional se
vean beneficiados al participar en un proceso
educativo en igualdad y equiparación de
oportunidades.
Con respecto a estas ideas, es
importante señalar como anota Ramón-Laca (1998)
En la atención a la diversidad se ha
pasado de centrar los problemas en las
limitaciones de algunos alumnos a
considerar las carencias de la escuela, los fallos del
sistema escolar. También se ha prestado
atención a los procesos de aprendizaje, se
ha aprendido a conceder importancia al
cómo aprenden y maduran los niños y
adolescentes, tratando de conocer los
procesos mentales y circunstancias sociales y
familiares que tanto condicionan la
educación (p. 14).
A manera de conclusión
Los procesos de inclusión no
corresponden únicamente a la Educación, sino que van
más allá. Por lo tanto, es un fenómeno
social y comunal que debe partir de las experiencias
que se desarrollan en las interacciones
de todas las personas que conviven en un contexto.
Estos procesos deben generarse de un
análisis de las experiencias que se llevan a
cabo desde la Educación Regular y la
puesta en práctica de un currículo para todos; es
desde aquí donde debe comprenderse la
inclusión,
y no necesariamente desde la
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Educación Especial, ya que se habla de
educación para todos, sin importar cuestiones de
etnias, religión, sexo ni condiciones
personales o de grupo.
La inclusión no implica solamente
atender a todos los estudiantes en el aula; se trata
más bien de comprenderlos, escucharlos
y responder a sus necesidades, intereses,
características y potencialidades, sin
involucrarse en actos de discriminación hacia ninguno
de los participantes en el aula.
Por lo tanto, la inclusión debe partir
de un análisis real de los procesos educativos que
se desarrollan en cada centro
educativo, o sea, debe darse un proceso contextualizado de
carácter colectivo, en el cual se
involucren los padres de familia, los docentes, los directores,
los estudiantes y todos los miembros de
la comunidad educativa.
De esta manera, la inclusión se
convierte en una experiencia humanizante, donde
todos se ven como miembros de una
comunidad que comparte sus experiencias en el
desarrollo de una sociedad más justa,
democrática y solidaria.
La historia dirá qué fue lo que
aportamos desde esta sociedad a los procesos de
inclusión, y mientras tanto, es
importante permitir que los procesos de integración mejoren la
participación de nuestros estudiantes
con necesidades educativas especiales en el sistema
regular, como respuesta a una normativa
que rige en la actualidad; así que, ¡adelante en
nuestra tarea!.
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Manuscrito sin publicar.
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Acción sobre Necesidades
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Salamanca, España: UNESCO.



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